Ser mexicano no te hace
conocer el mercado
mexicano.
Conoces la cultura. Eso no te dice qué instrumentos existen allá, ni qué riesgos traen, ni cómo se pone el precio. Ahí es donde la gente se mete en broncas.
En Estados Unidos comprar casa está estandarizado. Hay MLS, hay Zillow, hay un Closing Disclosure que te desglosa todo. En México no existe ninguna de las tres. Así de simple.
Cinco cosas deciden tu compra, y ninguna de las cinco es la propiedad.
Casi todos empiezan por la propiedad. Es como ir al doctor y pedirle la receta antes de decirle qué tienes.
Puede que nadie te robe. Y aun así puede que pagues de más y nunca te enteres.
Si saben que ganas en dólares, te escuchan el acento, se dan cuenta de que no puedes venir a ver, y notan que extrañas tu tierra, ya saben más de ti que tú de ellos. Nada de eso es ilegal. Todo eso te deja en desventaja.
Y no, la culpa no es solo del que vende. Ellos quieren vender. Tú quieres creer. Lo que rompe eso no es desconfiar más de todo el mundo: es llegar sabiendo qué se pregunta y contra qué se compara.
Un asesor de este lado trabaja para el que vende, aunque te caiga bien. Nosotros trabajamos del lado del que compra, que es como funciona allá y aquí casi nadie lo ofrece.

Preguntas que llegan tal cual.
¿Puedo comprar a crédito si vivo en Estados Unidos?
Sí, y hay más de una vía. La que casi nadie te dice: existe hipoteca para no residentes, que sí lee tu historial y tu ingreso de Estados Unidos. La banca mexicana común es otra cosa y te va a pedir buró y comprobante de ingresos en México. Y el financiamiento del desarrollador no mira ninguno de los dos. Si fuiste a una sucursal y te dijeron que no, el no de una sucursal no es el no del sistema.
¿Por qué me piden credit score si voy a comprar en México?
Porque estás pidiendo un crédito mexicano y quieren ver cómo pagas. En el hipotecario común miran buró de México, y si llevas veinte años fuera ahí no hay nada reciente que leer. Pero hay producto de banca mexicana donde tu historial de allá es exactamente lo que revisan: te piden reporte de TransUnion, Equifax o Experian, cualquiera de los tres. Lo que no cruza es tu casa de allá, que no sirve de garantía aquí. Cuánto score piden depende de cada institución, y tu número sale cuando te precalificas. Si vas de contado, la pregunta ni existe.
¿Cuánto se paga de escrituras además del precio?
Entre 6% y 10% del valor, y siempre lo paga quien compra. Ese es el rango que publicamos en todo el sitio. Para que lo veas aterrizado: un presupuesto notarial real de compraventa con crédito bancario en Playa del Carmen dio 313,184 pesos sobre 5,572,000, o sea 5.62%, apenas debajo del piso. El techo se acerca a 10% cuando entran los renglones de comprador extranjero. Presupúestalo desde el día uno, y el amueblado por separado.
¿Cómo sé que lo que estoy comprando es de verdad?
No se sabe por el folleto ni por el render. Se sabe por tres papeles: el certificado de libertad de gravamen, que dice si la propiedad trae deudas o pleitos; la escritura inscrita en el Registro Público, porque el día que firmas todavía no eres dueño hasta que se inscribe; y el contrato, que si es de adhesión tiene que estar registrado en PROFECO, y ese registro lo puedes consultar tú, gratis y sin darte de alta.
¿Hay manera segura de mandar el dinero desde allá?
Sí, y empieza por a quién le depositas. Si el desarrollo se llama Playa Bonita S.A. de C.V., la cuenta va a nombre de Playa Bonita S.A. de C.V., no a nombre de una persona, y esa empresa tiene que ser la misma que aparece en escrituras, licencias y permisos. Si algo no cuadra ahí, no se mueve un peso. Y del lado práctico: una transferencia grande y trazable se acredita mejor que veinte chicas, y el nombre que va en la transferencia tiene que ser idéntico al de tu identificación.
Antes de ver nada, corre tus números de verdad.
No hace falta que vengas, y no hace falta que traigas una propiedad en la mano. Lo que hace falta es saber qué no vas a soportar. Eso se define primero, y luego se busca.